Mes: noviembre 2015

Jim O’Rourke – Simple Songs (2015)

 

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Por: Jesús Boyero

A estas alturas, poco le importaría a Jim O’Rourke ser reconocido ampliamente como un grande de esto, pero para algunos ya lo es. Su principal talentoes la volatilidad: nunca sabemos qué estilo va a tomar para el siguiente álbum, la siguiente canción, o incluso el siguiente compás. Así que, paradójicamente, resulta chocante que opte aquí por un sonido más o menos clásico, generalmente entre el pop de cámara y el piano rock de los setenta.

Y la otra sorpresa: el cantautor vuelve a cantar. Las primeras palabras que nos dedica el de Chicago en 14 años podríamos devolvérselas como el eco: Nice to see you once again / Been a long time, my friend. Desde el indie-rock de aquel Insignificance (2001), hasta esta “Friends With Benefits” inicial, no le oíamos fabricar una canción al estilo tradicional: con su voz –ahora más madura que nunca–, sus estrofas, y su… bueno, ese arrebato del final, que solo puede ser obra de un geniecillo siempre a la busca de nuevos horizontes.

Con su luminosidad y concisión, esta primera pieza nos propulsa a escuchar el resto del conjunto sin temor a toparnos con las cualidades dispersivas de otros discos de O’Rourke, como aquel The Visitor, su último álbum normal. Después de este primer pico, el segundo corte funciona como transición a ritmo de compás de amalgama. Imposible predecir los golpes de la batería. De ahí viajamos vivos a la tercera canción, “Half Life Crisis”, donde, primero el piano saltarín de cabaret, y después el resto de instrumentos, nos trasladan al glam de los trabajos de David Bowie junto a Mick Ronson. Incluso en la siguiente “Hotel Blue”, el timbre de voz de Jim y sus coros pueden recordar al mito inglés.

Llegados al clímax desgañitado de este cuarto tema, podemos avistar ya que este Simple Songs se caracteriza sobre todo por esa volatilidad que mencionábamos al principio. El ex miembro de Sonic Youth hace mutar cada canción modulando tonalidades, ritmos y texturas como sólo los más ambiciosos pueden lograr. Aunque lo niegue, el espejo en que se mira no es sino el de los grupos progresivos, como sus adorados Genesis. La inefable “Last Year” y la dolorida “End of the Road” son ejemplos de ello.

En estos ocho temas, Jim es, a su manera, un crooner del rock clásico. La épica coda de “All Your Love” pertenece, sin duda, a aquella era. Es fácil imaginarse al músico, encerrado en su domicilio de Tokio, ataviado con una de sus rebecas y revisando enteramente, canción por canción, su colección de viejos discos, mientras, como en la cubierta del álbum, da la espalda a todo lo que no sea hacer música.

Así es el hombre, así son también unas letras –crípticas en su sencillez, irónicas hasta rozar lo violento–, que promueven su fama de misántropo. Distancia que potencia un aura misteriosa. Y el misterio innegablemente otorga elegancia, pero es mayor la que destilan en todo momento los arreglos de cuerda, el piano, la voz.

Quizá queriendo seguir con su juego de distancias y ocultación, no es difícil percibir que, en la mezcla, la voz queda más enterrada de lo habitual, y que, en el otro extremo, es la batería la que adquiere mayor presencia. Muchos seguidores de O’Rourke se han rasgado las vestiduras, pues esperaban el carácter brillante y aterciopelado de algunos de sus trabajos al mando de la grabación y mezcla, como los aclamados Ys, de Joanna Newsom, Yankee Hotel Foxtrot, de Wilco, o su propio álbum Eureka. Pero seguro que Jim sabe lo que hace y tiene sus razones. Lo malo de este asunto y de la pequeña polémica desatada es que pueden disipar la gran atención que merecen estas Simple Songs a nivel compositivo.

Porque este álbum es emocionante, cantable y hermoso. Quizá no sea el más innovador de la temporada, pues bebe de instrumentaciones y modelos reconocibles; pero es muy inteligente, impredecible como un buen viaje y, por ello, duradero, casi inagotable. Algo que pocos discos consiguen hoy en día.