Los Hermanos Cubero en Primavera Sound 2016

Por: Jesús Boyero

(Previa publicada originalmente en Indiespot)

Con el atrevimiento propio de un festival de mente abierta, el Primavera da cabida también a una de las notas más paradójicamente exóticas del cartel. Sobre cadencias cabalgantes, este dúo de cordaineros de La Alcarria proclama con orgullo su abrazo a lo tradicional: “Estas son nuestras armas / mandolina y guitarra / para quien quiera escucharlas”. No son principiantes ni muy jóvenes, pero, tras editar varias referencias en años recientes, el afán de Los Hermanos Cubero en cavar en las semejanzas entre el folclore castellano y el estadounidense ha logrado traspasar la frontera del circuito folk y lograr la atención de El Segell del Primavera, que distribuye su recién estrenado Arte y Orgullo.

Hay dos incógnitas por despejar en un marco a priori impropio para una propuesta tan bucólica: veremos cómo se las arreglan para defender su minimalista puesta en escena y, sobre todo, cómo responde el público a la singularidad de los hermanos.

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(Crónica publicada originalmente en Indiespot)

Estos dos tienen algo. Cuales jinetes expertos tanto en doma como en salto ecuestre, los hermanos castellanos superaron con elegancia y holgura una triple barrera: tiempo, espacio, y perspectiva. Llevados por los ritmos ternarios con cadencia de trote o galope, su victorioso ejercicio tuvo lugar a) en una hora reservada para actuaciones que suscitan interés menor; b) en un escenario escondido e invadido, por momentos, de sonido exterior; y c) ante un público que –suponemos– se acercaba más por curiosidad que por conocimiento o devoción.

Lo hicieron como siempre han hecho. Enfundados en sus impecables trajes y armados de mandolina y guitarra, el dúo repasó principalmente las mejores tonadas del sólido trabajo que presentan esta temporada. Con temas cercanos a la canción protesta, como ‘Por ganarme la vida’ y ‘Trabajando en la MCA’, y trances más emocionales que nunca (‘Maldita urraca’, ‘El ebanista de Alcalá’), defendieron su mezcla de música de raíz castellana y estadounidense con Arte y Orgullo. Pero la herramienta secreta de los artesanos de La Alcarria para llevarse el corazón de los congregados fue otra: el humor. Con la llaneza de unas pocas bromas entre canción y canción, hicieron brotar el interés y la sonrisa de todos y mantener la función siempre en lo alto.

Las únicas pegas fueron dos. Por un lado, la preeminencia del canto sobre las cuerdas en la mezcla, que aunque inducía a deleitarse en la melismática voz de Enrique, no dejaba lugar para apreciar el virtuosismo de Roberto en la mandolina. A ello se sumaba, en el tramo final del concierto, la irrupción en la gruta del ruido procedente de otro escenario. Con humor –cómo no–  se lo tomaban ellos mientras seguían a lo suyo, ‘Fabricando buenos tiempos’. Así, con una inmejorable despedida quedamos muy agradecidos de la inclusión en la oferta del festival de una propuesta menos moderna pero tan atractiva como las mejores.

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