Mes: agosto 2016

15 canciones con una melódica

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Por: Jesús Boyero

Para desengrasar un poco después de nuestra última serie de artículos, densos y ligeramente enloquecidos, traemos una recopilación simple pero generosa. Ni más ni menos que 15 canciones con una melódica, mientras que nuestra lista más amplia hasta el momento contaba con la increíble cantidad de 5 temas.

Al grano. Seguro que conoces -o no- este instrumento inventado por la marca Hohner en los años 50. Su ligereza y sencillez hacen de la melódica un complemento ideal para tus fiestas. Este “teclado de soplar” se toca con una o dos manos, en este último modo espirando a través de un tubo largo. Emite un sonido parecido a la armónica o al acordeón, aunque quizá un poco más estridente.

No obstante, la melódica se identifica a menudo con latitudes tropicales, quizá porque fue popularizada en Jamaica allá por los años 70, cuando el pequeño instrumento trascendió el ámbito de la educación musical para niños. En concreto, fue el músico de dub Augustus Pablo quien abrió las puertas a su posterior repercusión internacional. King Tubby Meets The Rockers Uptown es su pieza más célebre.

El propio Pablo es invitado a poner su sello en Star de Primal Scream, otra de las canciones de nuestra lista. También parece cumplirse el tópico del trópico cuando escuchamos Grape Juice City de Ratatat.

Pero atención: la melódica tiene registros muy diferentes, pudiendo incluso sonar opresiva, tal y como logró Ian Curtis de Joy Division en Decades, apocalíptico cierre musical a su efímera vida. Tras su fallecimiento, el grupo de Manchester se transformó, como todo el mundo sabe -o no- en New Order. Éstos abren su mágnifico disco Low-Life en Love Vigilantes evocando un lugar exótico, mientras oímos el inicio de la historia de un soldado: Oh I’ve just come from the land of the sun… La icónica banda de los años ochenta nos lo ha puesto fácil para hilar las canciones, pues recordamos también un solo de melódica en Electronic Renaissance de Belle & Sebastian, homenaje claro a aquella Procession de la banda de Bernard Sumner, Peter Hook y compañía.

Pocas veces tomará tanto protagonismo el pequeño instrumento, que a menudo es casi “invisible”. Seguro que todos hemos pasado por alto -o no- que la épica Champagne Supernova de Oasis se apoya en una melódica. Es el colofón a un disco brillante, al igual que Midnight Cowboy de Faith No More, inevitablemente poseedora de un aire crepuscular. Esta versión de la pieza compuesta por John Barry para la mítica película comparte halo de misterio -y de cierre también- con la melódica que remata A Name, de John Frusciante.

Otro caso en el que el instrumento de Hohner está pero quizá no nos habíamos dado cuenta es la melódica juguetona, con aires de music hall, del clásico Sunny Afternoon de The Kinks. Más fácil es percatarse en un par de temas del Entertainment! de Gang of Four: 5.45 y el bonus track It’s Her Factory. Se atreve a asomarse incluso en medio del post-hardcore, cuando ponemos I Hate The Kids de Hot Snakes. Van ya muchos ejemplos y se nota -o no- el cansancio al leer, pero no queremos olvidar la canción donde creemos que la melódica funciona mejor: durante el letargo de Absent Friend de Bark Psychosis.

Para acabar, no puede faltar un apasionado de la instrumentación variada: Brian Wilson de los Beach Boys. Estamos seguros -o no- de que en aquel fallido Smile, la increíble Cabinessence incluye otro asomo de melódica (¿quizá armónica?) en forma de dos arpegios que se entrecruzan. Fin de la cháchara, ¡a escuchar!

EXTRA: en un ámbito diferente, Andrea Bocelli también se atreve con ella.

KLF: 23-1 años después del 23 de agosto (Parte III)

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(Empezó en la Parte I)

y

(Viene de la Parte II)

Cuando hay un 2, hay un 3. O un 23.

Era 1991, Los KLF estaban en la cresta, gozando de la atención del mundo. Billy Drummond y Jimmy Cauty eran los amos del cotarro musical y propagandístico, gustaban de dar la nota y también -importante- crear hits, temas de pop perfecto. Su siguiente salto fue pasarse a la colaboración, esta vez con una diva de verdad y no en una grabación robada, como en aquel Whitney Joins the JAMs. La “reina del country”, Tammy Wynette, célebre por su antigua canción Stand by Your Man, es reclutada por KLF para unirse a ellos en este himno genial titulado Justified & Ancient (Stand By The JAMs).

La reina se sienta en la cúspide de la pirámide, pero los que verdaderamente hacen cumbre aquí son KLF, con una mezcla de culturas, estilos… Hay rap, house, un riff de Jimi Hendrix,  una diva country y hay los coros de la tribu. En fin, seguramente hablamos del mayor mash-up jamás creado.

Por entonces, es casi imposible no darse cuenta de que KLF es oro y, por supuesto, el enemigo se da cuenta. En 1992, son nombrados “Grupo del Año” en los Brit Awards, premios de la música británica. Les están invitando a unirse a ellos, a unirse a las fuerzas del Mal. Y además les invitan a actuar en la mismísima gala de premios. Una oportunidad única para los terroristas musicales.

KLF quieren sembrar el terror e imaginan algunas ideas, que finalmente son desechadas por la dificultad para ser llevadas a cabo. Se ha hablado, por ejemplo, de desmembrar un elefante sobre el escenario, en directo para millones de hogares.

Finalmente, optan por invitar a una banda de metal extremo con cantante de voz gutural. ¿Estopa? No, Extreme Noise Terror. Salen al escenario para interpretar una versión brutal de 3 AM Eternal y, aprovechando el lugar privilegiado y la ocasión ideal, Billy Drummond, el cabecilla de los terroristas anarquistas denominados KLF, termina la canción con una traca final de balas disparadas desde su ametralladora hacia el público.

Aunque resultan ser de fogueo.

To the bridge now!

Este acto representaba el final de una era. Quizá formaba parte de El fin de la Historia, título del célebre libro que salió ese mismo año. Caía el Muro, y terminaba todo. KLF, es decir, Billy Drummond y Jimmy Cauty, se retiraban de ese escenario y se retiraban del business, pero a su manera.

KLF desaparecían, como una estrella fugaz, y querían desaparecer de verdad. Decidieron quemar todos sus discos, toda su obra, como acto de expiación, de negación de una industria, de un poder maligno y devorador que les quiso devorar a ellos también, con reconocimientos y con ese aplauso final, nada más ser disparados.

Por desgracia no podían quemar los vinilos que habían sido adquirido por los fans, y la música de KLF se conserva para gracia de los que no vivimos aquella efímera época. El fuego purificador también se había llevado, unos pocos años antes, los discos que destruyeron The JAMs (KLF), hostigados por los abogados de ABBA, grupo al que habían sampleado sin pudor.

Tras esta gran hoguera de vinilos, ¿qué les quedaba a KLF? Les quedaba la pasta, mucha pasta. Y la expiación no era completa si esa pasta seguía ahí. Podían quedársela, sí. Podían donarla, sí. Podían hacer muchas cosas con ella, sí. Pero decidieron ir a una caseta en una isla perdida de Escocia y allí quemar, delante de los medios de propaganda, la nada desdeñable cantidad de…

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… un millón de libras esterlinas.

One million quid. Cientos de millones de pesetas. Era el 23 de agosto de 1994. Billy Drummond y Jimmy Cauty quemaron 1 millón de libras. Eran KLF, o bien un par de gilipollas, según se mire. Lo hicieron y después dijeron no saber por qué. Juraron por escrito no dar una respuesta a ese por qué durante los siguientes 23 años. Echemos cuentas: eso es dentro de un año. El 23 de agosto de 2017 , quizá ese par de gilipollas, los KLF, tengan algo que decir al mundo. KLF han estado desaparecidos todo este tiempo, salvo por una breve actuación de 23 minutos en 1997, titulada Fuck the Millenium.

Mientras algunos esperamos, alguien se ha preocupado de indagar en ese por qué. Y cree haber dado con la respuesta, por eso ha escrito un libro explicándolo.

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Este no es el típico libro que cuenta la historia de un grupo musical. De hecho, todo lo que aquí hemos mencionado apenas ocupa un pequeño espacio en sus páginas, sino que su autor, John Higgs, desvela la increíble verdad sobre el mundo, el ser humano, la Historia, la cultura, la música, el dinero, los misterios, las religiones y los gilipollas.

Este libro te da una verdad que puedes creer o no, como este relato en tres partes. Ambos son relatos, modelos, y quizá merezca la pena creérselos durante un tiempo para llegar a la cúspide. Aquí, por ahora, creemos en KLF sobre todas las cosas. Lo que hicieron puede gustarte más o menos, su música llegarte o no, pero creemos que KLF son ejemplo de una carrera musical brutalmente inteligente, de un entendimiento vital mucho más amplio de lo habitual. No queremos gritarlo pero… sí, eran genios.

¿Lo volverán a demostrar 23 años después del 23 de agosto de 1994?

Por: Jesús Boyero

KLF: 23-1 años después del 23 de agosto (Parte II)

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Por: Jesús Boyero

(Viene de la PARTE I)

En el fragmento anterior, nos quedamos hablando de Whitney Joins The JAMs. The JAMs era uno de los nombres que adoptaron KLF antes de llamarse KLF. Son las siglas de Justified Ancients of Mumu, extraño nombre procedente de unas novelas: The Illuminatus Trilogy, que, como es obvio, hablan de los hoy famosos Illuminati, la secta secreta que gobierna y controla el mundo desde la sombra.

Novela o realidad, verdad o mentira, lo que sí es seguro es que es fácil encontrar, especialmente en eso que llaman “productos culturales”, simbolismos referentes a todo este mundo oculto. Es fácil… siempre que uno no tenga los ojos bien cerrados. La película Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick, los tiene a porrones.

Existe la teoría de que el cineasta rodó el falso alunizaje del Apolo 11, después huyó y se recluyó en Gran Bretaña, dejó pistas en sus obras y finalmente murió asesinado nada más conseguir estrenar el film mencionado. Parece una locura gigantesca, pero hay tantas cosas que encajan que es difícil negar rotundamente la existencia del control mental, la multiplicación de las personalidades, y demás malicias de la sociedad secreta de los iluminados. Parafraseando al meme: “no digo que sea una conspiración, pero… ¡es una conspiración!”.

El imaginario de KLF no se queda atrás en símbolos sacados de la trilogía sobre los Illuminati, en la que los Justified Ancients of Mu Mu son quienes combaten contra este gobierno oscuro.

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El ojo en la pirámide (símbolo de los Illuminati), y el logo de KLF.

Estos malignos malhechores ejercen su malvado control también en el ámbito de la industria musical. Para luchar contra ello, nació el Kopyrite Liberation Front: los KLF. ¿Y qué mejor manera de destruir la industria sino desde dentro? ¿Y qué es lo que más le joroba a la industria musical? El pirateo. El sampleo ilegal, por la cara. Los que controlan ponen su Kopyright porque quieren su dinero, sus billetes de dólar. Así pues, el plan de KLF está claro: samplear y triunfar. Ellos no eran artistas: eran anarquistas, terroristas musicales, sin dinero y sin talento. Sólo les quedaba samplear por la cara.

En 1988, bajo el nombre The Timelords, Bill Drummond y Jimmy Cauty -es decir, KLF- colocan un single en el número 1 de las listas de ventas, sin apenas experiencia musical previa, más que algunos primitivos medley-mashups, hechos sin licencia para poder samplear, como aquel de Whitney.

Y entonces, con todo el morro, van y publican un libro, un manual, y lo llaman The Manual: cómo lograr un número 1 fácilmente. Al parecer, el texto ha logrado influir en multitud de aprendices en busca de la fórmula para fabricar pop perfecto. Funcionara o no, el libreto era en realidad una llamada a las armas, casi como si fuera un manual para hacerse rico robando bancos.

Aquel número 1, por supuesto, no era una canción nueva, sino un robo en toda regla. Bajo la temática de la mítica serie británica Doctor Who, sampleando la sintonía de su cabecera, además de la también mítica canción Rock & Roll part 2 de Gary Glitter, esto fue lo que enganchó al público en ese momento:

Efectivamente, es una canción cutre, muy cutre. Cabe preguntarse entonces ¿cómo pasaron KLF de engendrar esto a crear gloriosos himnos? Desde luego su ambición creció desde este punto hasta el infinito. Parece que al principio sólo buscaban divertirse y reírse del enemigo. Pero, en una fase posterior, entendieron cómo funcionaba el sistema, le cogieron el gustillo a la música y crearon grandes cosas, además de tomarse muy en serio lo de reírse.

Después de lograr la atención con este número 1, KLF se embarcaron en producir la Santísima Trinidad de la Tralla que presentamos en la primera parte. Estos tres temas empezaron teniendo un envoltorio de acid house o pure trance, etiqueta con la que KLF bautizaron a su sonido, antes de que naciera el género así llamado. Esta era la música de las fiestas rave que marcaban la explosión del Segundo Verano del Amor allá por 1988 y 1989. Después KLF hicieron mutar este envoltorio hacia la forma de hip house con la que finalmente triunfó para el gran público, la audiencia sentada ante la MTV. Con sus vídeos radicales, llenos de energía, KLF están en la cresta, y se forran vendiendo discos.

Entonces van más allá y se ponen a hacer una película -tal vez un videoclip muy largo- llamada The White Room. En cualquier caso, se trata de una road movie que, pese a no haber sido lanzada oficialmente, puede verse en internet. En ella, el dúo viaja por desiertos solitarios en una experiencia casi mística.

Aunque, para viaje auténtico, el que dibujan en su primer álbum de verdad. Sentados en la cúspide de la pirámide, KLF lanzan a principios de 1990 un disco que pilla a todo el mundo a contrapie. Un viaje de música fundamentalmente ambient que les hará definitivamente inmortales. No queremos describirlo musicalmente, sólo hay que escucharlo. Lo mejor es hacerlo tumbados, relajados, de noche. La oscuridad se inundará de imágenes que viajan por ondas sonoras, de sueños, paisajes y recuerdos, bellos y dolorosos, en forma de viejas melodías, voces, traqueteos… La vida, amigos. 45 minutos.

 

(Continúa y termina en la PARTE 3)

KLF: 23-1 años después del 23 de agosto (Parte I)

Por: Jesús Boyero

Pedimos disculpas de antemano por mezclar discurso musical con filosófico. En este blog nos gusta transmitir emociones pero también ceñirnos más de lo normal al análisis musical concreto y no dejarnos llevar por las sensaciones. Pero KLF no se pueden explicar como músicos al uso, sino que su música representaba solo la punta del iceberg, la cúspide de la pirámide que continúa bajo la tierra.

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Al grano. Los Perdidos creemos esencial para la felicidad el no perder la cordura ante lo absurda e irritante que puede ser la vida. Para ello, es bastante sano entender la naturaleza efímera de las cosas. La vida, el arte, el amor. Y es bastante inteligente darle una vuelta de tuerca a esta característica y jugar con la caducidad, más aún enfangados en la charca mediática donde reina lo perecedero.

Como una estrella fugaz, la carrera artística de KLF brilló por última vez en una llamarada el 23 de Agosto de 1994, y tal efeméride nos sirve para desgranar un poco nuestro proceso de conocimiento, fagocitación y abrazo (seguramente efímero) al ente artístico más impactante que recordamos. Porque además de efímero, KLF fue divertido, comprometido y misterioso.

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Aquí empieza la historia, con el tótem. Esta era la imagen que habíamos tenido por muchos años en mente, asociada a las siglas KLF. Y el sonido que emanaba de ella era electrónico y festivo pero todavía básico, tosco, bruto, sin pulir. Inmaduro en comparación con otras cosas posteriores del mismo estilo.

Decidimos volver a probar suerte, colocarnos de nuevo frente a este tótem de altavoces. Tecleamos K, L, F, y esperamos la respuesta. Lo que desatamos fue un huracán.

“KLF IS GONNA ROCK YOU”. Y tanto que sí. La sacudida es brutal, y usar el teléfono como instrumento es un detalle genial.

¿Cómo pudo cambiar de forma tan drástica nuestra impresión? La nostalgia es una ola que golpea muy fuerte. Pero también es cierto que este trallazo de hip house no se parecía mucho al sonido ácido con el que habíamos asociado a KLF. Descubriremos poco a poco que es imposible atarles a ningún género.

Azotados por la actitud y la escenografía, decidimos entonces arrojarnos al tren que nos lleva de vuelta a ese lugar mágico que -ahora lo sabemos- se llama Trancentral. Volumen al 11, atentos:

Intensidad elevada al máximo. Y esa sección intermedia… no es de este mundo.

Terminemos esta introducción a la música de KLF con el tercer tema localizado en Trancentral, completando así una especie de Santísima Trinidad de la Tralla.

Sirva también esta canción como ejemplo de dos o tres características esenciales de la música de KLF.

Por un lado, las versiones de un mismo tema, tocando palos radicalmente variados. A priori parece que KLF “no eran un grupo de discos sino de singles”, si bien esto no significa -como es habitual cuando se recurre a esta frase- que tuvieran sólo algunas canciones buenas y el resto fueran más bien mediocres. Lo que hacían KLF era engendrar una pieza y después hacerla mutar a diferentes formas, en versiones que completaban las caras de los singles. De este What Time Is Love? recordamos tres encarnaciones:

  1. La normal que acabamos de ver y escuchar.
  2. La Pure Trance.
  3. La America, que supera en salvajismo a todo lo anterior.
  4. Como extra queremos mencionar una pieza distinta, America No More (Just the Pipe Band), que ensanchece al hombre más pequeño.

Con ustedes, el vídeo de America: What Time Is Love? Se recomiendan gafas protectoras.

Es fácil captar aquí otra característica fundamental de KLF: el sampleo. Utilizar secciones de otras grabaciones para construir la tuya. En este caso se trata del riff de Ace of Spades de Motörhead, pero la lista de artistas sampleados por KLF en su corta carrera es extensa y célebre:

  • Jimi Hendrix
  • Pink Floyd
  • Elvis Presley
  • Fleetwood Mac
  • MC5 (ese “Kick out the JAMS motherfuckers!!!” que desata como un trueno What Time Is Love?)
  • Van Halen
  • Angelo Baladamenti (el tema principal de Twin Peaks)
  • Kraftwerk
  • ABBA
  • 808 State
  • Acker Bilk

Y una más: Whitney Houston, para una canción llamada Whitney joins the JAMS. Con todo el morro, los JAMS -uno de los nombre anteriores de KLF- titularon así este ecléctico pero primigenio cóctel de samples, como si se tratara de una verdadera colaboración con la diva pop.

Desde esta referencia ya avistamos el meollo. Porque samplear es como tomar prestado, algo con lo que no todo el mundo está muy de acuerdo, especialmente aquellos que se sienten robados. En este caso, las discográficas. De ahí parte el supuesto significado de las siglas (Kopyrite Liberation Front, 23 letras) y un sinfin de efímeros asuntos divertidos, comprometidos y misteriosos que hacen de esta la historia más genial jamás contada.

(Continúa en la PARTE II)

5 canciones que anuncian el estribillo

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Por: Jesús Boyero

La selección que traemos aquí puede parecer un poco rara, lo admitimos. En este caso nos hemos fijado en la letra (¡en inglés, ni más ni menos!) y por ello hemos recogido un grupo variopinto de canciones.

En concreto, hemos centrado nuestra atención en piezas donde el cantante avisa o, sin preámbulos, da el pistoletazo de salida al estribillo que está apunto de desatar. La palabra mágica es… ¡¡CHORUS!!

Hecha la recopilación, descubrimos que este recurso al que podríamos bautizar como metamusical –música que habla de sí misma- aparece en temas que, pese a su peculiaridad, comparten una vena eminentemente pop. Hemos pescado cinco artistas de talles muy diversos, que quedan retratados en sus manera de referirse al diminutivo del apoyo de la montura.

Wire disparan sin rodeos. Eminem anuncia a bombo y platillo, como maestro de ceremonias (MC). Stephen Malkmus de Pavement te lo avisa como un colega, pero Andrew Bird tiene la delicadeza de un amante.

Sobre estos cuatro estandartes se corona el más listo. Fat Mike de NOFX tira de ironía y desata carcajadas al redoblar la apuesta y escribir la mejor letra metamusical posible en este mundo.

PD.: La canción extra es una que no anuncia el estribillo pero habla sobre él, y encima es más pop que las otras.