KLF: 23-1 años después del 23 de agosto (Parte II)

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Por: Jesús Boyero

(Viene de la PARTE I)

En el fragmento anterior, nos quedamos hablando de Whitney Joins The JAMs. The JAMs era uno de los nombres que adoptaron KLF antes de llamarse KLF. Son las siglas de Justified Ancients of Mumu, extraño nombre procedente de unas novelas: The Illuminatus Trilogy, que, como es obvio, hablan de los hoy famosos Illuminati, la secta secreta que gobierna y controla el mundo desde la sombra.

Novela o realidad, verdad o mentira, lo que sí es seguro es que es fácil encontrar, especialmente en eso que llaman “productos culturales”, simbolismos referentes a todo este mundo oculto. Es fácil… siempre que uno no tenga los ojos bien cerrados. La película Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick, los tiene a porrones.

Existe la teoría de que el cineasta rodó el falso alunizaje del Apolo 11, después huyó y se recluyó en Gran Bretaña, dejó pistas en sus obras y finalmente murió asesinado nada más conseguir estrenar el film mencionado. Parece una locura gigantesca, pero hay tantas cosas que encajan que es difícil negar rotundamente la existencia del control mental, la multiplicación de las personalidades, y demás malicias de la sociedad secreta de los iluminados. Parafraseando al meme: “no digo que sea una conspiración, pero… ¡es una conspiración!”.

El imaginario de KLF no se queda atrás en símbolos sacados de la trilogía sobre los Illuminati, en la que los Justified Ancients of Mu Mu son quienes combaten contra este gobierno oscuro.

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El ojo en la pirámide (símbolo de los Illuminati), y el logo de KLF.

Estos malignos malhechores ejercen su malvado control también en el ámbito de la industria musical. Para luchar contra ello, nació el Kopyrite Liberation Front: los KLF. ¿Y qué mejor manera de destruir la industria sino desde dentro? ¿Y qué es lo que más le joroba a la industria musical? El pirateo. El sampleo ilegal, por la cara. Los que controlan ponen su Kopyright porque quieren su dinero, sus billetes de dólar. Así pues, el plan de KLF está claro: samplear y triunfar. Ellos no eran artistas: eran anarquistas, terroristas musicales, sin dinero y sin talento. Sólo les quedaba samplear por la cara.

En 1988, bajo el nombre The Timelords, Bill Drummond y Jimmy Cauty -es decir, KLF- colocan un single en el número 1 de las listas de ventas, sin apenas experiencia musical previa, más que algunos primitivos medley-mashups, hechos sin licencia para poder samplear, como aquel de Whitney.

Y entonces, con todo el morro, van y publican un libro, un manual, y lo llaman The Manual: cómo lograr un número 1 fácilmente. Al parecer, el texto ha logrado influir en multitud de aprendices en busca de la fórmula para fabricar pop perfecto. Funcionara o no, el libreto era en realidad una llamada a las armas, casi como si fuera un manual para hacerse rico robando bancos.

Aquel número 1, por supuesto, no era una canción nueva, sino un robo en toda regla. Bajo la temática de la mítica serie británica Doctor Who, sampleando la sintonía de su cabecera, además de la también mítica canción Rock & Roll part 2 de Gary Glitter, esto fue lo que enganchó al público en ese momento:

Efectivamente, es una canción cutre, muy cutre. Cabe preguntarse entonces ¿cómo pasaron KLF de engendrar esto a crear gloriosos himnos? Desde luego su ambición creció desde este punto hasta el infinito. Parece que al principio sólo buscaban divertirse y reírse del enemigo. Pero, en una fase posterior, entendieron cómo funcionaba el sistema, le cogieron el gustillo a la música y crearon grandes cosas, además de tomarse muy en serio lo de reírse.

Después de lograr la atención con este número 1, KLF se embarcaron en producir la Santísima Trinidad de la Tralla que presentamos en la primera parte. Estos tres temas empezaron teniendo un envoltorio de acid house o pure trance, etiqueta con la que KLF bautizaron a su sonido, antes de que naciera el género así llamado. Esta era la música de las fiestas rave que marcaban la explosión del Segundo Verano del Amor allá por 1988 y 1989. Después KLF hicieron mutar este envoltorio hacia la forma de hip house con la que finalmente triunfó para el gran público, la audiencia sentada ante la MTV. Con sus vídeos radicales, llenos de energía, KLF están en la cresta, y se forran vendiendo discos.

Entonces van más allá y se ponen a hacer una película -tal vez un videoclip muy largo- llamada The White Room. En cualquier caso, se trata de una road movie que, pese a no haber sido lanzada oficialmente, puede verse en internet. En ella, el dúo viaja por desiertos solitarios en una experiencia casi mística.

Aunque, para viaje auténtico, el que dibujan en su primer álbum de verdad. Sentados en la cúspide de la pirámide, KLF lanzan a principios de 1990 un disco que pilla a todo el mundo a contrapie. Un viaje de música fundamentalmente ambient que les hará definitivamente inmortales. No queremos describirlo musicalmente, sólo hay que escucharlo. Lo mejor es hacerlo tumbados, relajados, de noche. La oscuridad se inundará de imágenes que viajan por ondas sonoras, de sueños, paisajes y recuerdos, bellos y dolorosos, en forma de viejas melodías, voces, traqueteos… La vida, amigos. 45 minutos.

 

(Continúa y termina en la PARTE 3)

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